HUMANOS SAURIO
Hace millones de años, en una etapa remota de la historia de la Tierra, el planeta no presentaba las condiciones que hoy conocemos como aptas para la vida humana. En aquel entonces, la dinámica terrestre no dependía de la influencia solar como en la actualidad, sino que estaba regida por una atmósfera densa, rica en humedad y gases como el metano.
En ese entorno surgió una forma de vida perfectamente adaptada: una raza de naturaleza reptil, cuya estructura biológica le permitía prosperar en condiciones dominadas por la humedad y los gases densos. Esta raza, portadora de un ADN de tipo saurio, inició un proceso evolutivo que dio lugar a formas de vida cada vez más complejas.
Entre estas, los dinosaurios representaron un punto crucial en la evolución. Dentro de este proceso, ciertas especies destacaron por su desarrollo físico y su capacidad de adaptación. Aquellas que lograron erguirse y acortar sus extremidades delanteras alcanzaron un nivel superior de evolución, siendo el Tyrannosaurus rex una de las máximas expresiones de este avance.
En ese momento, los genetistas del sistema de Orión intervinieron en el proceso evolutivo, seleccionando el material genético más avanzado para dar origen a una nueva especie: el humano saurio. Esta forma de vida habitó la superficie terrestre durante aproximadamente 14 millones de años, evolucionando en perfecta sincronía con el planeta.
A medida que la Tierra Gaia, como conciencia viva del planeta continuaba su propio proceso evolutivo, fue necesario transformar la superficie para permitir la entrada plena de la luz solar y la llegada de nuevas razas. Como parte de esta transición, las jerarquías y médicos genetistas cuánticos trasladaron a los humanos saurios a naves nodriza y posteriormente los ubicaron en entornos intracavernarios.
En ese entonces, la Tierra interna no contaba con la complejidad civilizatoria actual, sino que estaba habitada por formas de existencia de antimateria.
Cuando un planeta alcanza un nuevo nivel en su evolución, las civilizaciones que no corresponden a la nueva frecuencia son reubicadas. En este caso, la especie reptil de sangre fría fue trasladada al interior del planeta, ocupando distintos niveles según su vibración, desde capas geológicas más profundas hasta regiones más elevadas de la Tierra interna.
Este proceso permitió la aparición de nuevas especies de sangre caliente en la superficie. Sin embargo, los antiguos habitantes desarrollaron un profundo desacuerdo con la humanidad emergente. A pesar de ello, se estableció un acuerdo de no interferencia, garantizando que no obstaculizarían el desarrollo evolutivo de las nuevas civilizaciones.
El nombre Agartha honra a estos primeros habitantes intracavernarios: los agartianos humanosaurios reptiles, quienes fueron los pioneros en habitar estos mundos internos y quienes, hasta el día de hoy, continúan administrándolos.
Mientras tanto, en la superficie terrestre fueron introducidos los sucuoyas, seres arbóreos gigantes cuya función fue canalizar la energía solar a través de procesos similares a la fotosíntesis, anclando así la luz del Sol en el planeta. En la actualidad, su presencia permanece registrada en diversas formaciones geológicas alrededor del mundo, conocidas como mesetas o montañas de cima plana.